20 abril 2017

Lucía Botella diseñadora por enchufe

Algunos dicen que lo de la elegancia es innato. No se hace uno elegante, se nace. Ahí los genes juegan un papel importante como en otros rasgos de la personalidad, físico o aptitudes que heredamos de padres y madres. La creación de alta costura, que es lo que eleva a la moda a la categoría de arte, y la capacidad de diseñar prendas excepcionales, también, se transmite generación a generación.

Un buen ejemplo, es Claudia. Con apenas 16 años ya tiene claro lo que quiere. Una niña que ha crecido entre bocetos, agujas, seda, brocados, chantilly y mucho trabajo. Pero, antes lo supo su madre, Lucía, que es la que da continuidad a la firma que creó su padre. Pepe Botella, es una de las figuras de la moda alicantina por excelencia y referente nacional.

Le cogió el relevo a Valcárcel para hacer trajes de novia alicantina, actividad que ahora no desempeña. Pero, vistió en su día a muchas bellezas, entre ellas, Milagrosa Martínez, alcaldesa de Novelda, cuando fue bellea de Hernán Cortes. Todo comenzó en el mismo sitio, en la calle Bazán, con prêt à porter en Modas Pepe, hace medio siglo. "Buscaba un nombre, pensé Joseph en francés, por lo del aire parisino, pero yo siempre había sido Pepe y así se quedó, Pepe Botella como el hermano de Napoleón Bonaparte". Antes, de abrir la tienda Pepe estuvo preparándose en Barcelona, allí iba a ver los desfiles de Pedro Rodríguez (diseñador pionero de la alta costura en España) y contemplaba sus diseños "pensando que jamás haría nada parecido, y anda que no he hecho… He subido un edificio de 100 pisos, escalón a escalón", asegura Pepe Botella, recuperado, totalmente, de una pancreatitis aguda que lo tuvo unos días ingresado en el hospital.

La firma cumple 50 años y por ello están preparando una exposición, para finales de año, en la que se mostrarán auténticas joyas vintage que nos harán un recorrido cronológico de las tendencias de la alta costura en los últimos tiempos.

En la exposición, estará unos de sus primeros vestidos de novia, el que le hizo a su ex mujer y madre de sus hijas.
Ahora, Pepe disfruta de su trabajo desde la primera línea de los desfiles, el front row en el lenguaje de la moda, mientras su hija Lucía controla el backstage. Pepe dice de su hija que "es más fuerte y decidida. Ojalá hubiera tenido su fortaleza…". Lucía iba por otro camino, el de las Ciencias Exactas o Medicina, pero su auténtica pasión es la costura. Claudia, su hija, no se queda atrás, y siempre que puede echa una mano en los desfiles o donde haga falta. Tiene talento y algunos de sus diseños ya están en percha.

Es consciente de la realidad que nos rodea que lo dificulta todo, pero cuenta con los genes…Lucía, su madre, dice "Claudia es alta costura viva. Pero, quiero que empiece desde abajo". El fundador afirma que "es fundamental que un diseñador sepa hacer patronaje y coser, lo que se plasma en el diseño debe poder llevarse a término, y el patronaje es básico para que la prenda siente perfecta".
De la nueva colección fiesta de Pepe Botella, Lucía destaca la línea vintage con la que se ha recuperado el estilo de los 50: "faldas con vuelo, plumas y los tonos pasteles como el rosa o el nude son los rasgos a destacar de unos diseños femeninos y elegantes, pero clásicos sin olvidar la vanguardia".

En países de medio planeta, desde Francia a Alemania, EE.UU, pasando por Sudáfrica, Guatemala y, ahora incluso, en Emiratos Árabes, se pueden encontrar los diseños de Pepe Botella. Además, el diseñador ha vestido a multitud de mujeres, entre ellas por destacar a unas cuantas, Genoveva Casanova, Norma Duval, Sandra Barneda, Paula Vázquez, Diana Navarro, Pilar Jurado, India Martínez, Merche, Gema Cuervo, Ana Millán…Quizá, Sofía Loren algún día, su diva.

De su hija Lucía, Pepe Botella admira su fortaleza: "Ojalá la hubiera tenido..."
"Claudia es alta costura viva, pero quiero que empiece por abajo", dice.

11 abril 2017

Anne Igartiburu tiene el ojo izquierdo caído

De repente, poco importa la permanencia durante 30 años en un lugar destacado de la televisión, el teatro y el cine. Sólo interesan la Puerta del Sol y un peinado. Este 2013 se ha inaugurado con el protagonismo instalado en la cabeza de Imanol Arias, unos centímetros por encima de la mente que memoriza los guiones de Cuéntame, que hoy a las 22.30 horas estrena su 14ª temporada en TVE. En un receso del rodaje del antepenúltimo capítulo, el actor agarra el teléfono para remontarse al pasado, al de los cruciales primeros 80 de las tramas de la serie, y al de la Nochevieja de 2017, sí, la que en el futuro algunos recordarán como la del peinado de Imanol.

¿Veredicto?
Me vi muy mal. Tengo que aprender mucho. Es muy complicado. El sitio es muy pequeño, con mucho ruido. Hacía un frío terrible en Sol: eso me superó. Creo que estaba helado. Luego está la cosa graciosa de que Anne Igartiburu es muy alta y de que me han puesto tupé y todas las tonterías que se han dicho, aunque yo no tengo Twitter. Las campanadas, como programa, deberían quedarse en los últimos cinco minutos. Al final, primó más el tupé que el mensaje. No repetiría la experiencia, a no ser que fuera absolutamente necesario.

En el debut del leonés en Sol, sus instrucciones para ingerir las uvas y afrontar el nuevo año obnubilaron a la audiencia, que incluso apartó la mirada del brillante vestido rojo de Anne Igartiburu, en la conducción de este especial por octavo año consecutivo. Sirvan como ejemplo estas perlas: «La vida sin compañía no tiene sentido», «La plaza está petada», «Cada vez que La Primera estornuda, España se resfría» y «A la gente de América latina, que cierre las persianas»
Un papel muy activo para una primera intervención...

La cadena necesita que se le apoye. Dije un par de cosas de Vicente Ferrer, aunque sé que no está muy de moda. El peinado se caía por el agua. No es un problema de altura con Anne: la configuración de la mesa se hace para que el personaje de la derecha se pueda mover y el de la izquierda no. Uno no va a triunfar, sino a hacer el trabajo. El agit prop está unido a la pública. Los que han intentado hacer una televisión y no lo han conseguido son los que más se meten. Es una experiencia puntual. Me encantaría recibir el año haciendo teatro. Si estás con Hamlet, dices 'Ser o no ser', cortas, te tomas las uvas y continúas. Eso sí tenía su punto.
Otra movida, la de los 80, resuena en Cuéntame, que arranca con un musical [esta noche].

Los capítulos especiales con esto de la crisis ya no son tan especiales. Antes entrevistábamos a Ramón Tamames, Santiago Carrillo... Ahora tienen un 70% de novedad y el resto es resumen. En este capítulo, hay dos temas importantes: un arranque musical basado en el bar madrileño de la Vía Láctea, del que yo era cliente, y el post de Merche [Ana Duato] tras una enfermedad como el cáncer, cuando se sigue adelante con una peluca horrible.
¿Con qué tabúes se atreve la nueva temporada?
Explicamos el comienzo de cómo se destroza toda una generación a través de la heroína y también la irrupción de otras drogas entre la gente rica. También reflejamos que esa generación tuvo que darse unos cuantos bofetones. Antonio Alcántara, mi personaje, se va a enfrentar a la memoria histórica, casi con sentido del humor, y a la aceptación de su pasado, a través del regreso de algún modo de don Pablo [el empresario franquista encarnado por Pepe Sancho]. Recuerdo a mi aita [padre], que nunca renegó del jefe cabrón que tenía, porque le enseñó a ser todo. Ahora no tenemos aprecio por los jefes, porque no duramos en los trabajos.
Cuéntame sí dura: ha continuado pese a los recortes de la TV pública y el consiguiente frenazo a la remesa de nueva ficción.

Yo no he tenido sensación de peligro, pero el productor [Miguel Ángel Bernardeau] ha asumido riesgos y ha sido valiente.
¿Cuánto queda por contar?
O Cuéntame es una enciclopedia sentimental de ciertos años o se convierte en un éxito como telenovela, algo que no es nuestro propósito. Los actores fijos anhelamos hacer otras cosas e incluso descansar. Yo termino contrato este año y no hay nada nuevo, pero he terminado contrato otras veces... El personaje no acaba esta temporada.

Al margen de las campanadas, TVE acaba el año como tercera cadena. Pierde el liderato en favor de Telecinco y ha sido superada también por Antena 3. ¿Qué ve en las audiencias Imanol Arias?
Hay varios problemas: el retraso de las emisiones para que no computaran como gastos. Luego hemos disfrutado de los JJOO, que son 70 millones de euros que no hay quien los recupere. Los Juegos son unos apestados. No hay quien recupere esa inversión. También se puede decir que los telediarios han perdido mucha audiencia. Yo no soy responsable, pero cuando tienes buena audiencia, y sobre todo si has ganado unas elecciones con ellos en emisión, no los tocaría.
«El peinado se caía por el agua. No es un problema de altura con Anne»
«Termino contrato este año, pero mi personaje no acaba esta temporada»
«En estos capítulos explicamos cómo se destroza toda una generación»

30 marzo 2017

Andrée Aynard y su cara de bruja

«Nunca ha habido un personaje femenino que transmita tal sensación de estirada delgadez, de nobleza sin gestos, de calma escrutadora», dijo de ella su amigo Jean Nouvel. A los 87 años, Andrée Putman se ha ido con la misma discreción con que vivió estos últimos tiempos: retirada del beau monde parisino en el que impuso su gusto durante varias décadas y del diseño al cual dedicó casi toda su vida.

«Madame blanco y negro», como la describió en una ocasión Le Monde, ya no extenderá sus suelos de damero por espacios públicos o privados; ni reinventará más objetos cotidianos con su sentido minimalista de la elegancia. Con ella se va un forma de entender el chic francés, ligada a aquel esplendoroso periodo de posguerra pomposamente bautizado como les 30 glorieuses, en que la ciudad de la luz pegó sus últimos coletazos como capital mundial del arte y la farándula.

Parisina hasta la médula, Andrée Aynard nació en el seno de una familia de intelectuales burgueses, amantes de la cultura y el lujo, que la empujaron a estudiar música. Y la chica se aplicó a ello porque, con sólo 19 años, recibió el premio de armonía del Conservatorio de París de las manos del compositor Francis Poulenc. Pero pronto esta disciplina dejó de interesarle, prefiriendo en su lugar trabajar para la revista de moda Femina y luego volcarse en el arte contemporáneo. Una metamorfosis a la cual contribuiría decisivamente su matrimonio con el marchante Jacques Putman, que le abrió las puertas de los círculos artísticos: de Beckett a Giacometti, pasando Arman, César o Niki de Saint Phalle.

Gracias a sus contactos y su innegable carisma personal, la señora de Putman pronto se izó en reina de la inteligentsia noctámbula y culta de la rive gauche. Primero se dio a conocer en los 70 como directora del semillero de jóvenes estilistas «Creadores e Industriales», de donde salieron Jean-Paul Gaultier, Emmanuelle Khahn, Issey Miyake o Thierry Mugler. Luego se hizo respetar por su labor como arqueóloga de olvidados diseñadores galos de entreguerras como Robert Mallet-Stevens, Jean-Michel Frank o Eileen Gray, algunas de cuyas piezas reeditó con su recién creada empresa Ecart. Y por último labró su leyenda en los 80 con sus propias creaciones de interiorismo y mobiliario, donde gustaba mezclar épocas y materiales, siempre con una vocación atemporal: la remodelación del Hotel Morgan's neoyorquino, las flagships capitalinas de Lagerlfeld, Balenciaga o Yves Saint-Laurent, el despacho del ministro de Cultura Jack Lang en la rue de Valois, la cabina de pasajeros del avión supersónico Concorde...

Paralelamente a este tipo de encargos exclusivos, esta mujer de porte aristocrático y modales desbordantes, silueta espigada, voz ronca y cigarrillo permanentemente adherido a su mano, a quien el alcalde Bertrand Delanoë definió como «la embajadora de un estilo inequívocamente parisino», se preocupó mucho de colaborar igualmente con grandes marcas como Prisunic, porque pensaba que había que acercar el diseño al pueblo.

Ese pueblo y esa Ciudad de la Luz que tanto amó le rindieron un merecido homenaje en enero de 2011, cuando el ala este del Hôtel de Ville acogió una exhibición antológica titulada Andrée Putman: embajadora del estilo, comisariada por su propia hija. «Aquí están las mejores piezas que concibió mi madre: desde el cuarto de baño del Morgan's hasta el steamer bag que hizo para Louis Vuitton, pasando por un carro de la compra para Perigot, la vajilla Ritual para Nespresso o su última genialidad, el piano Vía Láctea de 2008 para Pleyel», explicó entonces Olivia Putman, actual directora de la agencia que lleva el nombre de la finada.

Pero nuestra protagonista nunca fue a ver la exposición, quizá porque ya se sabía enferma y los actos conmemorativos le disgustaban. «Mamá vive aislada en su mundo, en su loft del 6ème Arrondissement: escucha música, lee libros, sale poco...», comentó Olivia. A pesar de su ausencia, la foto que Jean-Baptiste Huynh le hizo a Andrée en 1992, con su característico traje sastre negro y su inequívoca mueca irónica, llevándose un monóculo al ojo izquierdo, decoró aquel invierno las calles y avenidas de la metrópoli, rememorando para los transeúntes la figura de la más grande diseñadora francesa.

14 marzo 2017

Foto del Pulitzer de Joan Fontcuberta

Joan Fontcuberta ha viajado al espacio (en la piel del cosmonauta Ivan Istochnikov), ha descubierto una nueva especie de dinosaurio en los Pirineos franceses y ha realizado milagros como la levitación en el monasterio ruso de Karelia. Creador de ficciones que cuestionan la realidad, la fotografía de Joan Fontcuberta es un disparo irónico al stablishment, a las convenciones. Y, ayer, Fontcuberta se convirtió en el primer español en recibir el Premio Hasselblad (dotado con 110.000 euros), el Pullitzer de la imagen que ya recayó en tótems como Cartier-Bresson o Richard Avedon.

«Vivimos en la época del exceso de imágenes. No hay que usarlas de manera complaciente sino para analizarnos, conocernos y saber más de nosotros mismos», dijo ayer Fontcuberta. «Este premio me incentivará, estimulará y me dará marcha. No es una especie de defunción, en la que pasas al panteón de cadáveres ilustres», ironizó el fotógrafo, que tiene la agenda llena: hoy inaugura en la Galeria dels Àngels, tiene otras exposiciones en curso en Mataró y Foto Colectania -como comisario- y la semana que viene abre otra en Estocolmo.

Si en 1998 Fontcuberta ya recibió el Premio Nacional de Fotografía por su serie Sputnik (un relato imaginario -pero con total apariencia de veracidad- en el que viajaba a la luna en un satélite ruso y se olvidaba un mensaje dentro de una botella de vodka que sigue flotando en el espacio), ahora sube al pódium de la fotografía mundial con uno de los premios más exclusivos del sector y protagonizará una exposición en el Hasselblad Center de Gotemburgo y un simposio internacional.

Este catedrático con alma de Peter Pan -hace de la fotografía un juego pero, en sus divertimentos, lanza una profunda reflexión sobre la posmodernidad- presentará en Gotemburgo algunas de sus ficciones más icónicas: Sputnik, Constel·lacions (en la que las aparentes imágenes de las estrellas y la vía láctea son motas de polvo e insectos estrellados contra el cristal del coche del artista), Herbarium (fotografías de plantas extrañas que en realidad son trozos de caucho y utensilios varios) y Fauna (animales que parecen salidos de La isla del doctor Moreau). 

«Yo viajaba por Escocia y, en un sótano, encontré un archivo misterioso de un doctor alemán con imágenes de animales extraños... Es como una novela», explica Fontcuberta de su proyecto Fauna, para el que pedirá prestados algunos ejemplares de animales disecados al museo de ciencias naturales de Gotemburgo para «apropiárselos» y que completen sus imágenes de rarezas de la naturaleza. «Será una exposición sobre la fotografía de la naturaleza y la naturaleza de la fotografía. La imagen, que se considera un testimonio de algo verídico, puede inducir al engaño», señala el narrador de la duda, de lo posible, de lo imaginario. 

02 abril 2016

Microcréditos

Algunos ayuntamientos han suscrito con CaixaBank un convenio para habilitar líneas financiación para futuros proyectos empresariales, va dirigido especialmente a las pequeñas empresas, esa es la finalidad de los microcréditos.

El alcalde de Madrid y el director de CaixaBank, han firmado un convenio de colaboración para potenciar la creación de múltiples empleos en la ciudad, facilitando a las personas sin recursos económicos, los proyectos empresariales a emprendedores, con la concesión de microcréditos.

Para el Ayuntamiento se trata de un acuerdo genial, ya que se logrará la incentivación para que se creen nuevos puestos de trabajo en la ciudad, por medio de el autoempleo,  a la vez que se consolidan y amplian las empresas pequelas de la ciudad. Según dijo el alcalde todo orgulloso, este fue uno de lo compromisos electorales del equipo de su gobierno.

Se establecerá en primer lugar una línea de financiación de 1 millón de euros, de la que se beneficiarán tanto personas físicas como pequeñas empresas de Huelva, que tengan menos de 10 trabajadores y una facturación al año que sea menor a dos millones de euros. Los emprendedores tendrán la oportunidad de optar a minicréditos que pueden llegar a un importe máximo de 25.000 euros, con un máximo del 97% de la inversión, no serán necesarios ni avales ni garantías. Lo que sí es necesario es que los proyectos cuenten con un plan de empresa y un informe favorable como de que son viables, elaborado por técnicos municipales.

El ayuntamiento onubense por medio de la Concejalía de Empleo, Desarrollo Económico y otros Proyectos, hablará con los emprendedores interesados en montar una empresa las posibles reales de financiación, para hacer crecer así el auto-empleo, al igual que el establecimiento, ampliando y consolidando micro-empresas y negocios de autónomos. 

Desde el Centro de Inserción Socio-laboral de Los Rosales se irán encargando de analizar la viabilidad de los diferentes proyectos y dirigir a las personas asesoradas a MicroBank para que analice y apruebe si se da el caso, las solicitudes de financiación.

Entre las prioridades del Consistorio están las de potenciari las políticas de empleo y auto-empleo, poniendo a disposición del que quiera trabajar un espacio como este centro municipal, enfocado a personas emprendedoras que pueden encontrar aquí información que les sea de utilidad para poder desarrollar una idea de algún negocio. Así se facilitará el acceso a la información, agilizando trámites y evitando desplazamientos.

MicroBank, que es el banco social de CaixaBank, es el único banco de España dedicado a la financiación de proyectos a través de minicréditos, siendo esta entidad financiera pionera en su modelo de negocio y la que más recursos ha destiniado a la financiación de nuevas iniciativas mediante estos créditos destinados a autónomos, pequeñas empresas y emprendedores, así como a pequeños créditos personales y familiares, que tienen como finalidad atender necesidades que permitan superar una dificultad puntual y faciliten el crecimiento empresarial. 

01 marzo 2016

Rouge, la barra de labios de Dior

Esta semana, Madrid y Barcelona celebraron fiestas el mismo día y a la misma hora, con estilos tan distintos como los del Barça y el Real Madrid en el campo de juego, con tanta distancia como la que separa a la capital y el Mediterráneo, al ruido de la fanfarria y al rumor de la discreción, al atractivo del glamour internacional y a la elegancia de la periferia labrada durante siglos de cultura y placeres de la vida.

Dior desembarcó en Madrid para celebrar los 50 años de su legendaria barra de labios, Rouge, y organizó un montaje pleno de grandeur, comparable a la llegada de Napoleón Bonaparte. Monumentos como la Puerta de Alcalá, la plaza de Neptuno o la sede de la Bolsa se tiñeron de rojo, a juego con los labios tentadores de la firma. Una puesta en escena como la que se hizo con la Torre Eiffel, el Obelisco de la Plaza de la Concorde y otros edificios emblemáticos de París, Nueva York y Londres.

Y mientras, en Barcelona, la firma Mango, una de las grandes empresas de moda española que, de verdad, cuenta en el mundo, elegía el Palau de la Música, uno de los más hermosos símbolos del Modernismo de principios del siglo XX, para celebrar el primer desfile de su historia.

Isaac Andik, el discreto y desconocido fundador de la firma, anunció, horas antes, la creación de unos premios de moda a jóvenes diseñadores emergentes, que se convertirán por su dotación, 300.000 euros, en uno de los más importantes del mundo. Antes del desfile, Mayte Martín cambió su habitual repertorio flamenco por unos boleros muy sentidos que emocionaron a Milla Jovovich, la nueva imagen de Mango, una eslava con fuego en el cuerpo.

María García de la Rasilla, Covadonga O'Shea, Purificación García, Eugenia Osborne y las nuevas generaciones de las dinastías Raventós, Puig, Fontcuberta o Figueroa, apellidos antiguos con imagen del siglo XXI, ocuparon los mismos palcos y butacas del Palau desde los que tantas veces se han escuchado a los más grandes de la ópera. La fiesta se cerró sin algarabías, con un cóctel de productos catalanes, exquisitos y de calidad.

En Madrid, mientras tanto, Dior ocupó otro templo, el icono del dinero y el poder económico para festejar frivolidades femeninas que llegan de París. La Bolsa se tiñó de rojo para recibir a Monica Bellucci, esta vez simpática y accesible. Y a su medida, un masseratti único, de cuatro puertas, traído expresamente de Milán para dar impresión de poderío y riqueza sin límite.

Ningún chófer profesional quiso ponerse al volante de esa joya, hasta que finalmente un amigo de la casa, apuesto y políglota, se ofreció para llevar al bólido y a la estrella hasta la alfombra roja, empapada por la lluvia. Por su culpa, la Bellucci no pudo hacer una entrada como la del Festival de Cannes, pero dejó a todo el mundo igualmente fascinado por su belleza.

Tuvo su mérito convertir la Bolsa en un restaurante de lujo. La cocina del edificio es modesta y está lejos del salón del piso alto, pero Caritina Goyanes, encargada del catering, demostró su talento para cocinar y su capacidad para adaptarse a las dificultades. Ha superado la prueba con matrícula de honor; en verano, en Marbella, se rifarán a este nuevo valor de la restauración.

Bellucci, aunque vino a Madrid con su marido Vincent Cassel, se encontró feliz, sentada entre Joaquín Cortés y el actor Edward Norton. Cuentan que luego se fueron todos a descubrir el Madrid la nuit y que, al día siguiente, costó trabajo sacar a la diva del Ritz para volver al rodaje de su película.

Madrid y Barcelona celebran las fiestas a su manera. Afortunadamente. En la pluralidad de esta España diversa, está su mayor encanto.

23 febrero 2016

A los DVDs les quedan 5 años de vida según Bill Gates

El siglo del cine, recién terminado, ha sido engullido por el nuevo siglo del audiovisual, definido por una densa iconosfera que ha hecho realidad el sueño de la civilización de la imagen. Hace medio siglo, el director Alberto Lattuada profetizó que llegaría un día en que las cámaras filmadoras, grandes y pesadas en su tiempo, serían como los bolígrafos que llevaba en su bolsillo. 

Ese día ya llegó, con las cámaras digitales pequeñas, ligeras y versátiles, que permiten practicar una libérrima cine-escritura de bajo coste.

Pero también muchos teléfonos móviles son ya cámaras filmadoras y se comprende que ya no se autorice su entrada en museos, vestuarios, saunas y gimnasios. Por no hablar de las webcams ubicadas en el corazón de las casas, amenazando permanentemente nuestra intimidad, como el ojo del gran hermano orwelliano. En resumen, hoy se capturan imágenes en movimiento con la facilidad con la que se escribe en una hoja de papel y los inventarios de imágenes existentes, que proponían algunos eruditos ilustrados del siglo XVIII, se han hecho ya del todo imposibles.

Esta facilidad en la captación de imágenes tiene su correlato en la facilidad y la ubicuidad de su difusión y reproducción, con las imágenes portátiles del teléfono móvil, del vídeo o del DVD, aunque Bill Gates ha concedido sólo diez años de vida a este soporte digital, que se abandonará, según él, porque los DVD se rayan y se pierden (lo que es cierto).

Estos soportes icónicos ubicuos se nos aparecen hoy como los nietos tecnológicos de las fotos polaroid, que introdujeron a mediados del siglo pasado la fotografía inmediata, sucesora perfeccionada del famoso fotomatón, que industrializó sus tiras verticales de retratos en el ya lejano 1928, pero que siguen todavía en funcionamiento en algunas cabinas de las grandes ciudades.

Ya no sabemos si en el ciberespacio que nos ofrece internet hay más palabras o más imágenes, aunque sospechamos que en «la calle comercial más larga del mundo» (Bill Gates dixit) lo que más abunda son las sex-shops, de manera que la mayor parte de sus imágenes derivan de la bulliciosa productividad de la libido. Sabemos también que al cine porno convencional y profesional le ha salido la competencia del cine porno amateur o doméstico, una extensión narcisista del antiguo cine amateur que se dedicaba a celebrar bautizos, primeras comuniones y viajes turísticos a los trópicos. 

También sabemos que las imágenes de intimidad erótica grabadas por una pareja pueden convertirse en un arma arrojadiza cuando la pareja se rompe y el hombre decide exhibir en internet sus proezas sexuales con su antigua compañera. La audiencia de Lérida sentenció hace algún tiempo que una mujer no podía reclamar contra las imágenes eróticas difundidas gratuitamente por su expareja, si había consentido su grabación. Pero algunos meses después el Tribunal Supremo rectificó este criterio, creando la figura jurídica de la intimidad compartida, una intimidad que pertenecía a dos personas y ambas debían autorizar su publicidad.

Algunos teóricos argumentaban hace años que el videoteléfono no tenía futuro por su elevado coste (argumento superado por la tecnología), por su intrusión brutal en la intimidad ajena o por su excesiva implicación emocional, pero todos los adolescentes de las sociedades desarrolladas han desmentido masiva y clamorosamente aquel diagnóstico.

Ante la actual selva de imágenes, analógicas o digitales, canónicas o heterodoxas, comerciales o gratuitas, masivas o egocéntricas, parece confirmarse que uno de los grandes motores de esta explosión icónica deriva del encuentro de la pulsión narcisista con la pulsión voyeur, que es inherente a la especie humana y que los psicoanalistas identificaron como pulsión escópica. Ya antes que ellos, Epicuro pensaba que la visión era una especie de tacto a distancia. Por eso se dice a veces que mirar a alguien con deseo es desnudarle con la mirada.

Y por lo que atañe al narcisismo, que la publicidad y las industrias del deseo alimentan sin tregua, su plasmación digital en el ciberespacio ha desembocado clamorosamente en forma de los nuevos videoblogs, que halagan el ego y la vanidad de sus autores. En una sociedad en la que la visibilidad se ha convertido en un derecho individual y social (como confirman los reality shows televisivos), la proclama narcisista ha encontrado perfecto acomodo en el ágora universal de internet.