13 junio 2017

Jake Bugg nunca sonríe

Cogió por primera vez una guitarra a los 12 años, empezó a componer a los 14 y a los 18 ha dado la campanada fin de año con un fulgurante número uno en el Reino Unido, coronado como el imberbe príncipe del nuevo folk, con el permiso de sus majestades Mumford & Sons.

¿De dónde ha salido Jake Bugg? ¿Cómo ha pasado de cantar en los decrépitos pubs de Nottingham a convertirse en la gran revelación del año con su primer álbum? ¿Exageran quienes hablan de él como el «nuevo Dylan»? ¿Qué ha hecho realmente para merecer esto? ¿Quién es su padrino?

El propio Bugg, a cuestas con su guitarra acústica y con ese aspecto inconfundiblemente british (deudor de los Stone Roses, de los que fue telonero), tiene que frotarse aún los ojos todos los días para explicar lo ocurrido… «Todo ha sido tan rápido. Siempre creí que para alcanzar tus sueños tienes que dejar atrás las calles en las que creciste. Pero no imaginé que iba a ocurrir así, de un día para otro».

En Lightning Bolt, el tema que abre el álbum titulado simplemente Jake Bugg, el joven cantautor habla precisamente de ese rayo repentino que golpea cuando menos lo esperas. En Troubled Times confiesa sin reparos que la única cosa que reluce en su ciudad es «el pensamiento de salir de allí cuanto antes»…

Y sin embargo Jake Bugg se siente ya eterno deudor de Nottingham, que nunca tuvo un trovador a la altura de este chaval vestido de negro, fumador impenitente y con el gesto cetrino, que asegura que lo suyo son los años 60 y que ha nacido en este siglo por puro accidente.

Su infancia en el mayor barrio de viviendas públicas de Inglaterra fue de las que marcan. Su padre es enfermero y su madre, una vendedora a domicilio. Para llegar a fin de mes tuvieron que tirar ocasionalmente de los «beneficios sociales». Los recortes y la austeridad han coincidido sin embargo con el éxito nada premeditado del hijo, que nunca le estará lo suficientemente agradecido a su tío por haberle regalado la guitarra acústica y haberle enseñado los acordes básicos.

A los 14 años empezó a componer ya sus primeros temas, y poco a poco empezó a descollar en las actuaciones del colegio. «Tienes que presentarte a un concurso de talentos en la tele», le decían entonces. «Pero nunca lo hice porque no me parece algo genuino ni natural, por más que sea la norma en estos tiempos», reconoce el propio Jake Bugg en The Guardian.

Su tío le regaló también los discos de los Beatles, de Bob Dylan y de Jimi Hendrix que le fueron inspirando. Ya a los 16 años decidió probar suerte descargando un par de canciones para Introducing, el programa de la BBC dedicado a los nuevos artistas. A las pocas semanas recibió una invitación para tocar en Glastonbury. El resto es ya historia.

Hoy por hoy, cualquier nuevo artista con ínfulas se ve obligado a dar la nota con un single. Hasta en eso Jake Bugg tiene un regusto «antiguo». Pese a la lluvia de temas sueltos que entraron en Top 100 (Country Song, Taste It, Two Fingers), su éxito se ha consolidado gracias al contrato para el álbum firmado con Mercury, que le ha tendido la alfombra roja como a las viejas estrellas.

«El momento de la firma fue un poco surrealista», reconoce Bugg. «Había discos de oro colgados por las paredes, y por todas las partes corría el champagne. Parecían muy entusiasmados y me dijeron que si podía venir a Londres a firmar el contrato. A mí eso me pareció muy cool», reconoce el artista.

Jake Bugg vende cara su sonrisa. En eso, y en su voz nasal, estriban las comparaciones con Bob Dylan. Aunque su auténtico ídolo, reconoce, es DonMcLean. El primer CD que se compró de su propio bolsillo fue American Pie, y la canción que le sigue provocando escalofríos es Vincent. Aunque ya puestos, el chaval rinde pleitesía a Smells like a Teen Spirit (lo más cercano a una canción perfecta) y a casi todo lo de los White Stripes.

Ya no se escriben canciones como las de antes. Esto no lo dice Jake Bugg, pero lo insinúa… «Hay algo sobre la estructura y la melodía, sobre cómo se acoplan música y letra, que sin duda se ha perdido. Yo aprendí a componer con la vieja escuela, empezando siempre por la letra. Hay días en que sale muy fácil y otros en que mejor no lo intento, porque es extremadamente duro».

Otro de los puntos fuertes de Jake Bugg es el poder de su directo, insertado con frecuencia en sus vídeos, que tienen también un giro social a tono con sus letras inspiradas en los claroscuros de Nottingham. Por primera vez salió de su país este año, presto a hacer su debut en las Américas. El cantante de soul Michael Kiwanuka le invitó a hacer de telonero en su gira por Europa, como antesala de su propio tour que arranca el próximo 9 de enero en Holanda: «Creo que he superado con creces el rodaje: estoy por fin listo para cantar ante grandes audiencias».

Pocas artes tan precoces como la música. Con apenas 18 años, Bob Dylan se zambulló en el riquísimo legado de la tradición norteamericana. A los 21 firmó su debut homónimo, una obra en la que se acercaba con un talento único a los clásicos del folk. La Historia está llena de ejemplos de retoños que se hicieron pronto un nombre en la música. Ahí está Britney Spears, que cuando todavía era menor de edad, a punto de cumplir los 17, publicó el single '... Baby one more time', un éxito pop mundial, que jugaba con metáforas sexuales y que llenó las pistas de las discotecas de medio mundo. Uno de los más recientes colapsos en el pop británico estuvo protagonizado por unos chavales imberbes y esmirriados. 

Arctic Monkeys se coló en el número uno con I bet you look good on the dance floor, un enérgico ejercicio rockero que conquistó a la juventud en 2005. Su líder, el muy talentoso Alex Turner, tenía 19 años. Más joven era Justin Bieber cuando irrumpió en el universo del pop comercial con My world 2.0: sólo tenía 16 años. También en España se han dado casos de talentos jovencísimos. Cuando formó Kaka de Luxe, Alaska tenía 14 añitos. Una locura, pero no tanto si se compara con la cantante de Candela Y Los Supremos, un grupo de Madrid actual, cuya cantante tiene ¡siete años!.

06 junio 2017

Las puticrías obsesionadas con Justin Bieber

El año no ha comenzado con buen pie para los vilipendiados cazadores de celebrities. Uno de ellos, un paparazzo aficionado de Nuevo México, falleció el martes en su intento de persecución de Justin Bieber, o, al menos, de su Ferrari blanco. Chris Guerra, como ha sido identificado por la web TMZ, fue atropellado al cruzar una calle tras haber fotografiado al que creía era el cantante canadiense. Al final, se confirmó que Bieber ni siquiera estaba en el vehículo, que conducía un amigo suyo.

Según el relato del sargento de la policía de Los Ángeles, Rudy López, el hombre al volante del deportivo recibió el alto de una patrulla policial tras haberse saltado un señal de Stop. Fue un momento que aprovechó el fotógrafo para cruzar la calle y tomar fotos de una escena que podría haber valido millones para las revistas del corazón.

La policía le pidió en reiteradas ocasiones que volviera a su coche y al cruzar la calle una mujer lo atropelló con su vehículo. Poco tiempo más tarde, el fotógrafo fue declarado muerto en el hospital Ronald Reagan UCLA. Por suerte para la conductora implicada en el suceso de forma accidental, no se presentarán cargos contra ella. La señora explicó que había salido a comprar leche con sus dos nietos.

Bieber, por su parte, no tardó en reaccionar a la noticia. «Aunque no estaba presente ni directamente involucrado en este trágico accidente, mis pensamientos y mis oraciones están con la familia de la víctima», dijo el cantante de 18 años a través de un comunicado. «Confío en que esta tragedia desemboque en la legislación apropiada y en los pasos que sean necesarios para proteger las vidas y la seguridad de los famosos, los oficiales de policía y de los propios fotógrafos».

La advertencia no es la primera por parte de la rutilante estrella del pop. El pasado mes de julio, otro incidente similar afectó al cantante canadiense, el segundo mayor fenómeno de masas en Twitter tras la omnipresente Lady Gaga.

Esta vez el de Ontario sí iba al volante de su deportivo blanco, circulando de forma agresiva por la autopista que conecta Hollywood con el centro de Los Ángeles y seguido por varios coches con paparazzi dentro.

La casualidad quiso que se cruzara con el coche de un concejal de Los Ángeles, Dennis Zine. De acuerdo a su versión, Bieber debió haber sido arrestado ese día de verano por su forma temeraria de conducir por las calles de la ciudad a bordo de su ostentoso vehículo.

«Venía por detrás de mi, realizando abruptos cambios de carril, sin señalizar y cruzándose delante de otros coches. Según lo estaba viendo, estaba anticipando un accidente», explicó Zine a la cadena ABC. «Fue un caos, demostrando una total desconsideración con el resto de los conductores».

Bieber ya es célebre entre los paparazzi por su forma de conducir, que podría tener mucho que ver con el hecho de que esas persecuciones se han convertido en una constante en Los Ángeles. Tanto que una ley estuvo a punto de ser aprobada tras el caso de Paul Raef, un fotógrafo que recibió una cuantiosa multa de tráfico por exceso de velocidad en su intento de alcanzar al intérprete de Believe.

Sin embargo, un juez californiano la declaró anticonstitucional por violar los derechos de otros fotógrafos que indirectamente trabajen con famosos. Aún gozarán de libertad para seguir protagonizando sus ruidosas cacerías.

Además de las constantes persecuciones de fotógrafos, Bieber también ha sido víctima de otra clase de acoso. Hace solo unas semanas, la policía arrestó al joven de 12 años que había estado denunciando robos falsos en casa del cantante, lo que solo en desplazamientos de agentes hasta la escena del supuesto crimen supuso un gasto de varios miles de dólares. Además de Bieber, el joven detenido denunció escenas ficticias con Ashton Kutcher y otros famosos como protagonistas. También le han salido supuestos hijos al canadiense con seguidoras que terminaron por admitir su mentira.

23 mayo 2017

El secreto de James Dean

¿Cómo fue el primer encuentro entre usted y...?
James.
¿James?
Sí, por James Dean. Cuando le llevamos por primera vez al veterinario nos dijo que era hembra y le pusimos de nombre Ava, por Ava Gardner. Y cuando después descubrió que era macho, decidimos seguir por el cine y le pusimos James. Y también porque es muy guapetón.

Bueno..., ¿y entonces cómo se conocieron?
Yo tenía un perro que se llamaba Diciembre, que ya murió, y estábamos paseando por un pueblo de L'Empordà y apareció de pronto James, superpequeño, y comenzó a perseguir al perro y a maullarle, y no había manera de que se fuera. Estaba como perdido, sucio y solito, y me lo llevé.

Vamos, amor a primera vista...
Sí, entre perro y gato.
¿Quién manda en la casa?
Los dos, depende del momento. Convivimos, no tenemos una relación de poder.

¿Tiene algún rincón de la casa para él?
¡Toda la casa!
Y además de la casa, ¿comparten alguna manía?
Los dos somos muy cariñosos, pero también muy independientes. Es muy de gato eso de si yo quiero, vale, si no, déjame en paz.

¿Y cumple James muchos otros tópicos gatunos?
Sí, ¡que no soporta que le corten las uñas! Cada semana tenemos una batalla campal. Termino arañadísima y en el trabajo me preguntan qué me ha pasado.
Le preguntan por los arañazos y por la cantidad de pelos que debe de llevar en la ropa...
¡Síí! Es un horror, porque además, como él es blanco, se notan muchísimo.

¿Le compra muchas cosas?
Lo último ha sido un bebedero de esos automáticos. Pero tengo que cambiarle el agua a menudo porque si no está fresca no la bebe.
¿Le ha salido exquisito?
Bueno, es algo raro, no le gusta ni el atún. Lo he intentado con jamón dulce de ese que vuelve locos a los gatos y nada. Solo come su pienso.

Mientras escribía su libro, Reír al viento, ¿dónde estaba James?, ¿qué hacía?
Ha estado tardes enteras sobre mi falda. Se ponía encima del teclado, tiraba los bolis... Yo siempre utilizaba el mismo boli, en plan fetiche, lo dejaba encima de la mesa y él lo tiraba. Me ha hecho mucha compañía.

09 mayo 2017

Penélope Cruz es una pava en huevos

Hubo un tiempo en que la calidad del cine internacional se medía por el bullicio de los estrenos. Estoy hablando de Madrid. Un estreno era sonado cuando venían estrellas de Hollywood y se cortaba el tráfico de la Gran Vía. A los actores de los 70 les gustaba Madrid porque era una ciudad casposilla y gritona donde Goya y los huevos fritos formaban parte del mismo pack. Se conoce que en Hollywood corrió la voz porque a muchos actores les picó la curiosidad y fueron llegando en procesión para promocionar sus películas.

Nada más poner el pie en Barajas, todos pedían lo mismo: ir al Prado y a Casa Lucio. La costumbre persiste, pero algunos ya lo tienen muy visto. Es el caso de Tom Cruise, que mientras fue novio de Penélope Cruz comió huevos de autor en distintos restaurantes de la capital y hasta tuvo ocasión de compararlos con los de Encarna Sánchez, su entonces suegra, una mujer muy dispuesta.

Todavía hoy, Encarna sigue recibiendo en Madrid al que fue pareja de su niña bonita. Y si no le invita a casa (parece como que ya no pega), se traslada ella al mogollón y le plantifica un par de besos sonoros. Tres veces he visto a Tom Cruise en Madrid y Encarna siempre ha estado ahí haciéndole los honores. Eso es una suegra vocacional y no la mamá de Borja.

Cruise estuvo hace un mes presentando Jack Reacher, una película de acción en la que no pude echar ni una cabezada porque no me dejaron las ensaladas de tiros y los alaridos de los cruisólogos. Como no era la primera vez que asistía a un estreno con la presencia del actor, me limité a constatar lo que ya sabía: que es bajito y se toma su trabajo promocional con una profesionalidad impecable. No abandonó la sonrisa y se fotografió con todos aquellos que se lo pidieron. Debería tomar nota Javier Bardem, mejor actor que Cruise pero menos simpático como de aquí a Lima.

El otro día le tocó a Penélope presidir el estreno de la película Volver a nacer. No se cortó el tráfico de la Gran Vía porque ahora sólo se corta con las manifestaciones, pero la actriz congregó a muchos curiosos e hizo su entrada en el Capitol investida de cierta timidez gestual. Frente al photocall aguardaban los fotógrafos distribuidos en capas: la primera fila, de rodillas; los de la segunda, de pie, y los de la tercera, subidos en una banqueta. Aquello parecía una lonja de pescado, con la salmodia de los reporteros convertida en griterío: ¡Penélope!, ¡aquí!, ¡aquí!, ¡derecha!, ¡izquierda!, ¡arriba!, ¡aquí!, ¡derecha!, ¡izquierda!, ¡aquí! Una locura.

Nos dijeron que Pe vestiría de Chanel vintage, pero no llegó a quitarse el abrigo. Al fin encontrábamos a una estrella de carne y hueso. Estoy harta de recorrer los photocalls invernales y ver siempre a las mismas actrices en tirantes, con los hombros encogidos y sin un gramo de grasa en el chasis. Chicas que no tienen perfil ni talla y parece que de un momento a otro van a evaporarse. A Penélope Cruz la maternidad no sólo la ha humanizado. También la ha vuelto friolera.

El desfile duró un buen rato. La primera en llegar fue Pilar Bardem (hablando de suegras, ella lo es por excelencia), seguida de algunas actrices que han compartido con Pe el universo almodovariano: Rossy de Palma y Loles León; chicas de la tele con su actualidad a cuestas (Sandra Barneda, Tania Llasera, Raquel Sánchez Silva, Luján Argüelles, Nuria Roca, Berta Collado), un actor guapo con ojos de acuarela (Jordi Mollà) y un cóctel variado de negritas: Concha Velasco, Carmen Lomana con sus destellos, Belén Rueda, Carolina Bang, la abrupta Marisa Jara (daba susto verla), Marta Torné, Clara Alonso, María Castro y una docena de jóvenes flaquísimas que no juntaban una arroba entre todas.
¿La película? Bien, gracias. Dormí a pierna suelta.

Parecía que empezábamos a levantar cabeza, pero no. Era un espejismo. El caso Urdangarin ha vuelto, ahora de la mano de Corinna, a la que relacionan con Nóos a través de Valencia Summit, un evento deportivo que le habría reportado, tirando por lo bajo, un millón de euros. Hace siete años de eso, pero Corinna ya mangoneaba lo suyo. Mientras se investiga el pasteleo de la señora, a Urdanga le crecen los delitos. Anticorrupción pide ahora que se le impute también por fraude fiscal. El caso parece no tener fin. Cuando surge una noticia, se crea el clima propicio y surgen 30 más.

Lo de Corinna y Urdangarin (el hambre y las ganas de comer) viene a ser la sublimación del morbo. Para la Casa del Rey, este nuevo escándalo anula los esfuerzos por mantener a la alemana apartada de la curiosidad mediática. Desde que el Rey pidió perdón, la sombra de Corinna se diluyó. No es que hubiera dejado de existir, pero el hecho de no verla formando parte de un séquito oficial o hilvanando la alfombra roja con paso solemne, aliviaba el panorama de situaciones embarazosas y poco estéticas.

El Rey, sin embargo, tiene el foco cada vez más concentrado en su persona. La cadena de chantajes que ha salido a la luz roza el aura real peligrosamente. O Don Juan Carlos toma decisiones drásticas para poner a salvo la institución o la cosa terminará por apuntarle a él sin rodeos. Su nueva táctica de jugar al escondite con el yerno no hace sino excitar más al personal.

20 abril 2017

Lucía Botella diseñadora por enchufe

Algunos dicen que lo de la elegancia es innato. No se hace uno elegante, se nace. Ahí los genes juegan un papel importante como en otros rasgos de la personalidad, físico o aptitudes que heredamos de padres y madres. La creación de alta costura, que es lo que eleva a la moda a la categoría de arte, y la capacidad de diseñar prendas excepcionales, también, se transmite generación a generación.

Un buen ejemplo, es Claudia. Con apenas 16 años ya tiene claro lo que quiere. Una niña que ha crecido entre bocetos, agujas, seda, brocados, chantilly y mucho trabajo. Pero, antes lo supo su madre, Lucía, que es la que da continuidad a la firma que creó su padre. Pepe Botella, es una de las figuras de la moda alicantina por excelencia y referente nacional.

Le cogió el relevo a Valcárcel para hacer trajes de novia alicantina, actividad que ahora no desempeña. Pero, vistió en su día a muchas bellezas, entre ellas, Milagrosa Martínez, alcaldesa de Novelda, cuando fue bellea de Hernán Cortes. Todo comenzó en el mismo sitio, en la calle Bazán, con prêt à porter en Modas Pepe, hace medio siglo. "Buscaba un nombre, pensé Joseph en francés, por lo del aire parisino, pero yo siempre había sido Pepe y así se quedó, Pepe Botella como el hermano de Napoleón Bonaparte". Antes, de abrir la tienda Pepe estuvo preparándose en Barcelona, allí iba a ver los desfiles de Pedro Rodríguez (diseñador pionero de la alta costura en España) y contemplaba sus diseños "pensando que jamás haría nada parecido, y anda que no he hecho… He subido un edificio de 100 pisos, escalón a escalón", asegura Pepe Botella, recuperado, totalmente, de una pancreatitis aguda que lo tuvo unos días ingresado en el hospital.

La firma cumple 50 años y por ello están preparando una exposición, para finales de año, en la que se mostrarán auténticas joyas vintage que nos harán un recorrido cronológico de las tendencias de la alta costura en los últimos tiempos.

En la exposición, estará unos de sus primeros vestidos de novia, el que le hizo a su ex mujer y madre de sus hijas.
Ahora, Pepe disfruta de su trabajo desde la primera línea de los desfiles, el front row en el lenguaje de la moda, mientras su hija Lucía controla el backstage. Pepe dice de su hija que "es más fuerte y decidida. Ojalá hubiera tenido su fortaleza…". Lucía iba por otro camino, el de las Ciencias Exactas o Medicina, pero su auténtica pasión es la costura. Claudia, su hija, no se queda atrás, y siempre que puede echa una mano en los desfiles o donde haga falta. Tiene talento y algunos de sus diseños ya están en percha.

Es consciente de la realidad que nos rodea que lo dificulta todo, pero cuenta con los genes…Lucía, su madre, dice "Claudia es alta costura viva. Pero, quiero que empiece desde abajo". El fundador afirma que "es fundamental que un diseñador sepa hacer patronaje y coser, lo que se plasma en el diseño debe poder llevarse a término, y el patronaje es básico para que la prenda siente perfecta".
De la nueva colección fiesta de Pepe Botella, Lucía destaca la línea vintage con la que se ha recuperado el estilo de los 50: "faldas con vuelo, plumas y los tonos pasteles como el rosa o el nude son los rasgos a destacar de unos diseños femeninos y elegantes, pero clásicos sin olvidar la vanguardia".

En países de medio planeta, desde Francia a Alemania, EE.UU, pasando por Sudáfrica, Guatemala y, ahora incluso, en Emiratos Árabes, se pueden encontrar los diseños de Pepe Botella. Además, el diseñador ha vestido a multitud de mujeres, entre ellas por destacar a unas cuantas, Genoveva Casanova, Norma Duval, Sandra Barneda, Paula Vázquez, Diana Navarro, Pilar Jurado, India Martínez, Merche, Gema Cuervo, Ana Millán…Quizá, Sofía Loren algún día, su diva.

De su hija Lucía, Pepe Botella admira su fortaleza: "Ojalá la hubiera tenido..."
"Claudia es alta costura viva, pero quiero que empiece por abajo", dice.

11 abril 2017

Anne Igartiburu tiene el ojo izquierdo caído

De repente, poco importa la permanencia durante 30 años en un lugar destacado de la televisión, el teatro y el cine. Sólo interesan la Puerta del Sol y un peinado. Este 2013 se ha inaugurado con el protagonismo instalado en la cabeza de Imanol Arias, unos centímetros por encima de la mente que memoriza los guiones de Cuéntame, que hoy a las 22.30 horas estrena su 14ª temporada en TVE. En un receso del rodaje del antepenúltimo capítulo, el actor agarra el teléfono para remontarse al pasado, al de los cruciales primeros 80 de las tramas de la serie, y al de la Nochevieja de 2017, sí, la que en el futuro algunos recordarán como la del peinado de Imanol.

¿Veredicto?
Me vi muy mal. Tengo que aprender mucho. Es muy complicado. El sitio es muy pequeño, con mucho ruido. Hacía un frío terrible en Sol: eso me superó. Creo que estaba helado. Luego está la cosa graciosa de que Anne Igartiburu es muy alta y de que me han puesto tupé y todas las tonterías que se han dicho, aunque yo no tengo Twitter. Las campanadas, como programa, deberían quedarse en los últimos cinco minutos. Al final, primó más el tupé que el mensaje. No repetiría la experiencia, a no ser que fuera absolutamente necesario.

En el debut del leonés en Sol, sus instrucciones para ingerir las uvas y afrontar el nuevo año obnubilaron a la audiencia, que incluso apartó la mirada del brillante vestido rojo de Anne Igartiburu, en la conducción de este especial por octavo año consecutivo. Sirvan como ejemplo estas perlas: «La vida sin compañía no tiene sentido», «La plaza está petada», «Cada vez que La Primera estornuda, España se resfría» y «A la gente de América latina, que cierre las persianas»
Un papel muy activo para una primera intervención...

La cadena necesita que se le apoye. Dije un par de cosas de Vicente Ferrer, aunque sé que no está muy de moda. El peinado se caía por el agua. No es un problema de altura con Anne: la configuración de la mesa se hace para que el personaje de la derecha se pueda mover y el de la izquierda no. Uno no va a triunfar, sino a hacer el trabajo. El agit prop está unido a la pública. Los que han intentado hacer una televisión y no lo han conseguido son los que más se meten. Es una experiencia puntual. Me encantaría recibir el año haciendo teatro. Si estás con Hamlet, dices 'Ser o no ser', cortas, te tomas las uvas y continúas. Eso sí tenía su punto.
Otra movida, la de los 80, resuena en Cuéntame, que arranca con un musical [esta noche].

Los capítulos especiales con esto de la crisis ya no son tan especiales. Antes entrevistábamos a Ramón Tamames, Santiago Carrillo... Ahora tienen un 70% de novedad y el resto es resumen. En este capítulo, hay dos temas importantes: un arranque musical basado en el bar madrileño de la Vía Láctea, del que yo era cliente, y el post de Merche [Ana Duato] tras una enfermedad como el cáncer, cuando se sigue adelante con una peluca horrible.
¿Con qué tabúes se atreve la nueva temporada?
Explicamos el comienzo de cómo se destroza toda una generación a través de la heroína y también la irrupción de otras drogas entre la gente rica. También reflejamos que esa generación tuvo que darse unos cuantos bofetones. Antonio Alcántara, mi personaje, se va a enfrentar a la memoria histórica, casi con sentido del humor, y a la aceptación de su pasado, a través del regreso de algún modo de don Pablo [el empresario franquista encarnado por Pepe Sancho]. Recuerdo a mi aita [padre], que nunca renegó del jefe cabrón que tenía, porque le enseñó a ser todo. Ahora no tenemos aprecio por los jefes, porque no duramos en los trabajos.
Cuéntame sí dura: ha continuado pese a los recortes de la TV pública y el consiguiente frenazo a la remesa de nueva ficción.

Yo no he tenido sensación de peligro, pero el productor [Miguel Ángel Bernardeau] ha asumido riesgos y ha sido valiente.
¿Cuánto queda por contar?
O Cuéntame es una enciclopedia sentimental de ciertos años o se convierte en un éxito como telenovela, algo que no es nuestro propósito. Los actores fijos anhelamos hacer otras cosas e incluso descansar. Yo termino contrato este año y no hay nada nuevo, pero he terminado contrato otras veces... El personaje no acaba esta temporada.

Al margen de las campanadas, TVE acaba el año como tercera cadena. Pierde el liderato en favor de Telecinco y ha sido superada también por Antena 3. ¿Qué ve en las audiencias Imanol Arias?
Hay varios problemas: el retraso de las emisiones para que no computaran como gastos. Luego hemos disfrutado de los JJOO, que son 70 millones de euros que no hay quien los recupere. Los Juegos son unos apestados. No hay quien recupere esa inversión. También se puede decir que los telediarios han perdido mucha audiencia. Yo no soy responsable, pero cuando tienes buena audiencia, y sobre todo si has ganado unas elecciones con ellos en emisión, no los tocaría.
«El peinado se caía por el agua. No es un problema de altura con Anne»
«Termino contrato este año, pero mi personaje no acaba esta temporada»
«En estos capítulos explicamos cómo se destroza toda una generación»

30 marzo 2017

Andrée Aynard y su cara de bruja

«Nunca ha habido un personaje femenino que transmita tal sensación de estirada delgadez, de nobleza sin gestos, de calma escrutadora», dijo de ella su amigo Jean Nouvel. A los 87 años, Andrée Putman se ha ido con la misma discreción con que vivió estos últimos tiempos: retirada del beau monde parisino en el que impuso su gusto durante varias décadas y del diseño al cual dedicó casi toda su vida.

«Madame blanco y negro», como la describió en una ocasión Le Monde, ya no extenderá sus suelos de damero por espacios públicos o privados; ni reinventará más objetos cotidianos con su sentido minimalista de la elegancia. Con ella se va un forma de entender el chic francés, ligada a aquel esplendoroso periodo de posguerra pomposamente bautizado como les 30 glorieuses, en que la ciudad de la luz pegó sus últimos coletazos como capital mundial del arte y la farándula.

Parisina hasta la médula, Andrée Aynard nació en el seno de una familia de intelectuales burgueses, amantes de la cultura y el lujo, que la empujaron a estudiar música. Y la chica se aplicó a ello porque, con sólo 19 años, recibió el premio de armonía del Conservatorio de París de las manos del compositor Francis Poulenc. Pero pronto esta disciplina dejó de interesarle, prefiriendo en su lugar trabajar para la revista de moda Femina y luego volcarse en el arte contemporáneo. Una metamorfosis a la cual contribuiría decisivamente su matrimonio con el marchante Jacques Putman, que le abrió las puertas de los círculos artísticos: de Beckett a Giacometti, pasando Arman, César o Niki de Saint Phalle.

Gracias a sus contactos y su innegable carisma personal, la señora de Putman pronto se izó en reina de la inteligentsia noctámbula y culta de la rive gauche. Primero se dio a conocer en los 70 como directora del semillero de jóvenes estilistas «Creadores e Industriales», de donde salieron Jean-Paul Gaultier, Emmanuelle Khahn, Issey Miyake o Thierry Mugler. Luego se hizo respetar por su labor como arqueóloga de olvidados diseñadores galos de entreguerras como Robert Mallet-Stevens, Jean-Michel Frank o Eileen Gray, algunas de cuyas piezas reeditó con su recién creada empresa Ecart. Y por último labró su leyenda en los 80 con sus propias creaciones de interiorismo y mobiliario, donde gustaba mezclar épocas y materiales, siempre con una vocación atemporal: la remodelación del Hotel Morgan's neoyorquino, las flagships capitalinas de Lagerlfeld, Balenciaga o Yves Saint-Laurent, el despacho del ministro de Cultura Jack Lang en la rue de Valois, la cabina de pasajeros del avión supersónico Concorde...

Paralelamente a este tipo de encargos exclusivos, esta mujer de porte aristocrático y modales desbordantes, silueta espigada, voz ronca y cigarrillo permanentemente adherido a su mano, a quien el alcalde Bertrand Delanoë definió como «la embajadora de un estilo inequívocamente parisino», se preocupó mucho de colaborar igualmente con grandes marcas como Prisunic, porque pensaba que había que acercar el diseño al pueblo.

Ese pueblo y esa Ciudad de la Luz que tanto amó le rindieron un merecido homenaje en enero de 2011, cuando el ala este del Hôtel de Ville acogió una exhibición antológica titulada Andrée Putman: embajadora del estilo, comisariada por su propia hija. «Aquí están las mejores piezas que concibió mi madre: desde el cuarto de baño del Morgan's hasta el steamer bag que hizo para Louis Vuitton, pasando por un carro de la compra para Perigot, la vajilla Ritual para Nespresso o su última genialidad, el piano Vía Láctea de 2008 para Pleyel», explicó entonces Olivia Putman, actual directora de la agencia que lleva el nombre de la finada.

Pero nuestra protagonista nunca fue a ver la exposición, quizá porque ya se sabía enferma y los actos conmemorativos le disgustaban. «Mamá vive aislada en su mundo, en su loft del 6ème Arrondissement: escucha música, lee libros, sale poco...», comentó Olivia. A pesar de su ausencia, la foto que Jean-Baptiste Huynh le hizo a Andrée en 1992, con su característico traje sastre negro y su inequívoca mueca irónica, llevándose un monóculo al ojo izquierdo, decoró aquel invierno las calles y avenidas de la metrópoli, rememorando para los transeúntes la figura de la más grande diseñadora francesa.