08 octubre 2012

Cuando se quiere a una serpiente hipnotizadora

«No se vive más que el tiempo que se ama», cita Julián Lago, director de Tribuna, a un filósofo, en esa carta lírica de amor que le dedica a un chaval, Daniel, que en Avila se ahorcó para estar cerca de la tumba de su amor, Marta, de 16 años, un año más que Daniel, muerta unos días antes en un accidente. 

«Tengo 24 años, un título académico inútil, no trabajo ni produzco, vivo con una mujer a la que no amo, y amo a una mujer con la que no vivo...»

Eso lo escribía, hace 25 años, Alfonso a Carmen Rosario Galán, Charo. 

El amor, entonces, lo vivían castamente, aquella atracción era platónica, eran novios, sí, pero poco interesados por el sexo. «La verdad es que físicamente -recuerda ella ahora, en la distancia, cuando es una mujer de 47 años, tres hijos, un matrimonio fallido y la memoria inmóvil de Ceuta- me llamaba poco la atención, pero me encantaba ver su corbata volando al viento y sus ojos tan expresivos e inteligentes. 

Estoy convencida de que tiene magnetismo, como las serpientes que te hipnotizan». Así es el desamor, el amor cuarteado por el tiempo: imaginativo y expresivo.

Sé novio, escríbele cartas inflamadas de pasión, malgasta lirismo para que, al cabo de los años, 25 años después, aquella mujer que amaste te llame «serpiente hipnotizadora» y dé las cartas de Alfonso Guerra, a Epoca, para que las difunda. Inflamadas cartas de amor le enviarán, sin duda, los miembros de la recién creada Asocición de Forofos de Alicia Koplowitz a su musa, esa mujer que no acaba de bajarse de las portadas de las revistas. 

En Tribuna, los forofos corean: «Queremos tanto a Alicia», y Francisco González Ledesma, viejo periodista de La Vanguardia y premio Planeta 1984, asegura: «Alicia es mucho más mujer que Marta Chávarri». Elegante más que ninguna, que antes de que las dos hermanas K. volasen, vía Semana, a París a renovar su vestuario de alta costura, ellas dos unidas en la adversidad y en el patrimonio a defender, Alicia en Hola es nombrada la mujer más elegante de España 1989. 

En la anterior votación, Alicia no salía en la lista de veinte mujeres más elegantes. ¿Es que Alicia todavía. no vivía aquí?

Periodistas especializados, hombres y mujeres públicos y notorios, le han concedido a Alicia 150 puntos, quedando segunda y tercera, con un punto y dos, respectivamente, de diferencia, Nati Abascal y Bibis Salisachs de Samaranch. Tanto vaquero ajustado ha podido con Marta Chávarri, que en la votación última, cuando era todavía marquesa de Cubas, quedó en el puesto 11, de un total de veinte. Esta vez, ni aparece. 

No importa, pues en Diez Minutos, en un muestreo entre mil personas de la calle, escogidas al azar, Marta Chávarri queda en quinto lugar por delante de Alicia Koplowitz, que ocupa un discreto octavo puesto.

No importa, además, porque ella está más feliz que nunca, dedicando todo su tiempo libre a su negocio, que el día que fueron los reporteros estuvo dándole un aire navideño a su tienda «Doméstica Sede» y tiempo tuvo, por descontado, para comprarle un arbolito de Navidad, ya, al pequeño Alvarito. Frente al preocupante tema de portada de Cambio 16, dedicado a la publicidad subliminal, que firma Ramiro Cristóbal, y al grito de advertencia: 

«Nos comen el coco con el sexo»; frente a la impresionante lista de vip's que pagan un riñón por divorciarse y que da Tribuna (hay que ver a ciertas famosas cómo le sacan más rendimiento al ex que a unas hectáreas de olivares o naranjos); frente a tanto escarceo de papel couché, historias de amor como la del joven ahorcado de Avila, al que dedica Tribuna amplio recordatorio, así como Diez Minutos y Semana (su director Luis G. de Linares se conmueve ante este morir de amor en estos tiempos si no de cólera sí de pornografía y de generalizada agresión al amor), sirven para compensar la balanza de nuestros pecados.

Como conmueve la casta pasión enamorada de Alfonso Guerra (y entrar en su intimidad, publicar unas cartas privadas, aunque sean de Guerra, sólo tiene justificación en el deseo de Epoca, sin duda, de dar una imagen humana y entrañable de quien, ya entonces, se quejaba de lo incomprendido que era su proceder y su manera de hablar).

Como conmueve igualmente este fervor que nos ha salido por Alicia, que ya tiene su Asociación. Lo cual no tiene por qué extrañarnos, si pensamos que también se ha creado en Madrid una asociación de fans de Cortina y Chávarri. Y si comenzábamos este recuento con la frase citada de Julián Lago, bien estará acabarlo con otra frase -que son su especialidad, como se sabe- de la baronesa Thyssen, que se la dicta a Hola: «Mi marido cree que él me ama más a mí que yo a él, y a mí, como mujer, me gusta que lo crea así». 

Carmen Cervera no aprendió estas sutilezas de los lances de amor cerca de Espartaco Santoni, que ha vuelto, también esta semana, a algunas revistas del corazón. Como Máximo Valverde, quien guarda un profundo recuerdo de Carmen Rossi. Ambos galanes son restos de otra época, cuando no sabíamos nada de Alicia.

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